El Monte de Santa Lucía presenta indicios de actividad humana desde hace mucho, como atestiguan las ruinas de la Citania de Santa Lucía, apellidada como Ciudad Vella por la población vianense, creyéndose que aquí está el origen de la ciudad de Viana do Castelo. Durante la Edad Media, existía en este lugar una sencilla capilla dedicada a Santa Águeda del Monte, que fue reconstruida en 1664 y ampliada en 1712, siendo entonces consagrada a Nuestra Señora de la Abadía. A partir de ese momento, el culto a Santa Lucía, la virgen-mártir protectora de la vista, empezó a crecer exponencialmente, y así sus devotos cambiaron la imagen de la santa desde el altar lateral al altar mayor, alterando el patronazgo de la capilla y adoptando el nombre del monte donde esta se encontraba.

Alrrededor de 1882, el Capitán de Cavalaria, Luís de Andrade e Sousa, que sufría una ceguera desde la infancia, comienza a frecuentar la pequeña ermita, teniendo devoción a la santa y mandando celebrar allí misas. Cuando sintió mejoría en su estado, siendo capaz de vislumbrar y disfrutar con el panorama que se divisa desde lo alto del monte, tomó la resolución de cambiar aquel lugar en un punto más conocido y accesible. Así, en 1884, fundó la Cofradía de Santa Lucía, con la intención de promover y prestar el culto debido a Santa Lucía, mejorar la pequeña capilla y sus vías de acceso, principalmente por medio de la construcción de una carretera, y embellecer todo el entorno de esta construcción.

Desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, la actuación de la Cofradía de Santa Lucía tuvo un impacto fundamental tanto en la configuración paisajística del monte, como en su revitalización espiritual: es de su responsabilidad la edificación del Templo-Monumento de Santa Lucía, la obra que hoy es considerada como ex-líbris de la ciudad de Viana do Castelo y la creación de un lugar de los más importantes centros irradiadores de fe de la Región de Minho, teniendo por patronos a Santa Lucía y el Sagrado Corazón de Jesús.